TODAS LA ESTRELLAS NADAN EN EL OSCURO OCÉANO DE LA DESESPERACIÓN.
Atravesaban el firmamento mientras que una luna gigante iluminaba el interior del avión. En viento atrapado el turbinas causaba sentimientos tormentosos que se reflejaban en sus corazones como una trifulca salvaje.
Las lagrimas caían, huían de las miradas mutuas; ambos invadidos por una agonía insensible aliviada por la sensación de haber hecho lo correcto: el avión encontraba estabilidad.
Los deliberados pensamiento del capitán atentaban suicidas u homicidas. Una sensación, tal vez un sentimiento, la llovizna irreal situada en el espacio remoto de una Esclerótica* rojiza. Lloró, sin dudarlo, empujo a su ultimo tripulante por la portezuela esperando evitar una catástrofe.
*Membrana blanca que recubre el ojo humano.
Leandro José Ramírez P.
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